El amor verdadero se basa en principios
“El amor es sufrido y bondadoso.” ¿Es usted sufrido con su
pareja? Aun cuando una situación tiende a provocarlo, y tal
vez se hagan
acusaciones injustas, ¿se refrena usted? Dios es sufrido con
todos nosotros, y
‘la cualidad bondadosa de Dios está tratando de conducir a
la gente al
arrepentimiento.’ El ser sufrido, al
igual que la bondad, son frutos del espíritu de Dios. El
amor no aprueba las
malas acciones, pero no es “quisquilloso” o sentido. No es
impaciente. Toma en
cuenta las circunstancias atenuantes. Y hasta en asuntos
serios está presto a
conceder perdón. Sin duda el apóstol Pedro pensó que estaba
siendo sufrido
cuando le preguntó a Jesús: “¿Cuántas veces ha de pecar
contra mí mi hermano y
he yo de perdonarle? ¿Hasta siete veces?” Jesús respondió:
“No te digo: Hasta
siete veces, sino: Hasta setenta y siete veces.” El amor
perdona repetidas
veces, y siempre es bondadoso. ¿Lo es usted?
“El amor no es celoso.” Es difícil vivir con un cónyuge que
sea celoso sin causa genuina. Celos de esa índole reflejan
tendencia a
sospechar y a adueñarse exageradamente del objeto de los
celos. Son infantiles
e impiden que la otra persona se comporte con naturalidad y
sea amigable con
los que la rodean. La felicidad está en dar libremente, no
en satisfacer la
exigencia de los celos.
“¿Quién puede
estar de pie ante los celos?” pregunto un sabio proverbista.
¿Puede usted
descubrir en sí mismo señales de los celos que son
producidos por un
sentimiento de inseguridad y que son nutridos por la
imaginación? Por lo
general no es difícil ver faltas en otra persona, pero
sacamos más provecho
cuando nos examinamos a nosotros mismos. Los celos pueden
arruinar un
matrimonio. No se puede retener seguramente al cónyuge por
medio de
restricciones celosas, sino por medio de atención amorosa,
consideración y
confianza.
El amor “no se vanagloria, no se hincha.” Es cierto que
muchos hacen eso, pero a pocas personas les gusta oír a
otros vanagloriarse o
jactarse. De hecho, ese jactarse puede poner en situación
embarazosa a
cualquiera que conozca bien al jactancioso. Algunos se
vanaglorian hablando de
sí mismos de manera jactanciosa, pero otros logran lo mismo
de otra manera.
Critican y desacreditan a otros, y por comparación esto
tiende a elevarlos
sobre sus víctimas. Así es que una persona puede elevarse a
sí misma por medio
de rebajar a otras. En realidad el hablar con desprecio del
cónyuge de uno es
una manera de jactarse uno de sí mismo. ¿Ha hablado usted
alguna vez en público
acerca de las faltas de su cónyuge? ¿Cómo cree usted que se
debe haber sentido
su cónyuge? ¿Qué hubiera sucedido si las faltas reveladas
hubieran sido las de
usted? ¿Cómo se hubiera sentido usted? ¿Amado? No, el amor
“no se vanagloria,”
ni alabándose a sí mismo ni rebajando a otros. Al hablar
acerca de su pareja,
sea edificante; esto fortalecerá el vínculo entre los dos. Y
en cuanto a lo que
se diga acerca de usted, aplique el consejo prudente que
dijo el sabio rey
salomon “Alábete otro, y no tu misma boca, el extraño, y no
tus mismos labios.”
El amor “no se porta indecentemente.” Hay muchas cosas que
son manifiestamente indecentes, como el adulterio, la
borrachera, los arrebatos
de ira, la conducta relajada. En contraste con el amor,
todas estas cosas ocasionan
daño al vínculo matrimonial. La rudeza, el habla y las
acciones vulgares, así
como el no cuidar la limpieza personal, muestran una falta
de decencia humana.
A este respecto, ¿cuán cuidadoso es usted para no ofender a
su pareja? ¿Lo
trata usted a él o ella con consideración, buenos modales,
respeto? Todas estas
cosas contribuyen a una pareja feliz, una que perdura.
El amor “no busca sus propios intereses, no se siente
provocado.” No es egocéntrico. ¡Cuánto mejor hubiera sido el
que la pareja que
se mencionó al principio de este capítulo hubiera sido así!
El esposo no le
hubiera hablado bruscamente a la esposa porque la cena no
estuviera lista a
tiempo, y ella no le hubiera respondido coléricamente. Si la
esposa se hubiera
dado cuenta de que la irritación de él se debía en parte a
que estaba cansado,
en vez de haberse sentido provocada quizás hubiera
respondido: ‘La cena casi
está lista. Debes haber tenido un día duro en el trabajo.
Déjame darte un vaso
de jugo frío para que te lo vayas bebiendo mientras preparo
la mesa.’ O si el
esposo hubiera sido más comprensivo, en vez de haber pensado
solo en sí mismo,
hubiera podido preguntar si había algo en que pudiera
ayudar.
¿Se ofende usted fácilmente por algo que su cónyuge diga o
haga, o trata usted de discernir con qué propósito habló u
obró? Quizás solo lo
hizo irreflexiva e inocentemente, sin la mira de ofender. Si
usted tiene amor,
‘el sol no se pondrá estando usted en estado provocado’,
dice un sabio refrán.
¿Qué hay si su cónyuge se sentía frustrado, y verdaderamente
se proponía decir
o hacer algo que lo hiriera a usted? ¿No puede usted esperar
hasta que se calme
la situación para entonces considerar el asunto? El abordar
la situación con el
propósito sincero de beneficiar a ambos le ayudará a decir
las cosas correctas.
“El corazón del sabio hace que su boca muestre perspicacia.”
, dice un
proverbios, “El que encubre la transgresión está buscando
amor,” no está
tratando de promover más contienda. Al reprimir el impulso
de continuar
discutiendo y de demostrar que usted tiene la razón, le será
posible ganar una
victoria a favor del amor.
El amor verdadero “no se regocija por la injusticia, sino
que se regocija con la verdad.” No le parece listo engañar
al cónyuge… sea
esto en cuanto al uso del tiempo, el gasto del dinero, o por
las asociaciones
que uno busque o tenga. No emplea verdades a medias con el
fin de aparentar
justicia. La falta de honradez destruye la confianza. A fin
de que haya amor
genuino, ambos cónyuges deben regocijarse en hablar la
verdad
“Todas las cosas las soporta, todas las cree, todas las
espera, todas las aguanta.” Soporta las tensiones y
presiones que le vienen en
el matrimonio, mientras que los dos individuos que han
entrado en esta estrecha
relación aprenden a ser flexibles y ajustarse el uno al
otro. Cree todo el
consejo que se declara en la Palabra de Dios y lo aplica
encarecidamente, aun
cuando las circunstancias no parezcan favorables. Y, aunque
no es crédulo en su
trato con las personas que recurren a la falta de honradez,
no es indebidamente
sospechoso. Más bien, manifiesta confianza. Además, espera
lo mejor. Tal
esperanza se basa en la seguridad y confianza de que el
aplicar el consejo
bíblico produce los mejores resultados posibles. Por tanto,
el amor puede ser
positivo, optimista y esperar con confianza el futuro.
Además, no es voluble,
ni tampoco es un enamoramiento pasajero. El amor verdadero
perdura, y se
enfrenta a los problemas cuando hay situaciones difíciles.
Tiene fuerza para
resistir. Es fuerte; pero con toda esta fortaleza, es
bondadoso, apacible,
complaciente, y es fácil vivir con él.
Tal “amor nunca falla.” Si debido a pasar muchos apuros la
pareja tiene que soportar estrechez económica, ¿qué sucede?
En vez de pensar en
hallar una vida más fácil en otra parte, la esposa que tiene
tal amor se
adhiere fielmente a su cónyuge, y se esfuerza por economizar
y tal vez
complementar el sueldo de su esposo. (Proverbios 31:18, 24)
Pero, ¿qué hay si
la esposa sufre de una enfermedad que se prolonga por años?
El esposo que tiene
esta clase de amor hace todo lo que puede para proveer el
cuidado que ella
necesita, ayudar con el trabajo en casa que ahora ella no
puede hacer, y
proveerle la seguridad de que cuenta con su devoción
continua. Dios mismo pone
el ejemplo a este respecto. Sean cuales sean las
circunstancias que les
sobrevengan a sus siervos fieles, ‘nada puede separarlos del
amor de
Dios.’— Romanos 8:38, 39.